Se estrenó ayer en horario central en el canal
Telecinco de España la miniserie
Vientos de agua (se puede ver también los datos en
IMDB).
Quería hacer referencia a este hecho aquí porque la serie trae desde dos pasados trágicos, uno reciente y otro lejano, reseñas de la historia de España y Argentina: la inmigración española en Argentina de principios del sXX y la argentina en España del pasado lustro.
Es interesante también saber el interés que despiertan aquellos hechos pasados sobre la audiencia española. Además de que, por el tema que tratan, seguramente captará a la mayoría de los inmigrantes argentinos que nos hemos venido aquí en los últimos años.
Vientos de agua tiene la particularidad de que es una producción de POL-KA dirigida por
Juan José Campanella (director de
El hijo de la Novia y
Luna de Avellaneda). Además el elenco de actores es una mezcla de ambos países con actores argentinos como
Hector Alterio y
Eduardo Blanco.
La miniserie relata en paralelo dos historias. Una historia es la de José Olaya, encarnado por
Ernesto Alterio (hijo del actor Hecto Alterio). José es un minero asturiano que en 1934, etapa convulcionada de la España pre Guerra Civil, emigra a una prometedora Argentina para buscar mejores horizontes.
La otra historia de la serie es la de Ernesto (papel llevado por Eduardo Blanco). Ernesto es uno de los hijos argentinos que tuvo José en su larga vida de exilio en Argentina. Como todo hijo de inmigrantes, responde al arquetipo del profesional que progresó en la vida y formó una familia. Ernesto llega al fatídico año 2001 viendo cómo su vida se derrumba al quedarse sin trabajo, no poder enfrentar los gastos que representan su vida de todos los días y cerrarse miles de puertas.
Ambas historias son contadas en forma intercalada. Se pasa del escenario asturiano de los años 30 y del barco de inmigrantes que lleva a José a su destino austral al Buenos Aires del 2001, marco de protestas callejeras, incertidumbre y todo lo que los argentinos que vivimos esa etapa recordamos bien.
José, el padre de Ernesto, es encarnado en su vejez en el año 2001 por Hector Alterio. José está a punto de emprender su viaje soñado a su Asturias natal. Sin embargo al ver tocar fondo a su hijo decide ofrecerle el pasaje para que emigre a España para rehacer su vida y la de su familia. Finalmente el corralito atrapa a Ernesto, como a la mayoría de los argentinos, y ayudado económicamente por su padre viaja solo a España para probar su suerte y su destino.
Ayer pasaron 2 capítulos juntos a modo de promoción. La serie seguirá con un capítulo por semana todos los martes a las 22:00.
Cabe señalar que la serie está excelentemente filmada y con actuaciones impecables.
De todos modos el director no deja de apelar a sus típicos toques sensibleros y demagógicos que son comunes en sus películas y que son típicos de la filmografía argentina desde siempre.
El director y los guionistas, entre los que está
Aída Bortnik, pasan de una historia a otra en momentos claves como para comparar las situaciones de ambos personajes principales (José joven en España y en el barco de inmigrantes versus Ernesto en el Buenos Aires de la crisis) y editorializar sobre sus causas y consecuencias.
Por ejemplo en el momento que estalla la mina donde trabaja José en condiciones super precarias, se pasa a imágenes de explosiones realizadas por manifestantes en las calles de Buenos Aires. Es un intento de imprimir un contexto social y político común.
Ese énfasis es más marcado en otra parte de la película donde la lectura es mucho menos sutil. En el barco de emigrantes donde José viaja a Argentina se produce un incendio en la Primera Clase. En la escena siguiente se ve como el capitán y los marineros desalojan el comedor de los pasajeros de Tercera Clase, entre los que José se encuentra, en el momento en que éstos están cenando. El objetivo es armar de improviso las lujosas mesas donde ahora servirán la cena a los ricos de Primera Clase mientras los de Tercera, desplazados, miran a través de un cristal. A continuación el realto pasa a contar cómo se desencadena el
corralito en Argentina 70 años después, que atrapa a Ernesto, quien se suma a los miles de ahorristas enojados que invaden los bancos paraa exigir su dinero.
Este es un pequeño resumen de los dos primeros capítulos de ayer. A la vez quería compartir algo que desencadena muchos sentimientos y emociones como es el recordar los meses fatídicos de aquel 2001. Para mí esa época representa algo así como la
pérdida de la inocencia, el marcado a fuego de una experiencia dolorosa que finalmente me llevó a mí y a mi esposa a Madrid en el 2002.
Por otro lado me siento reflejado por los personajes de la serie. Como José, mi padre emigró a Argentina desde España. Como Ernesto, soy un hijo de español que, llevado por la crisis de mi país, acabé también en España buscando, décadas después, lo que mi padre fue a buscar a Argentina.
Finalmente llega el eterno dolor de ver el intercambio de roles entre dos países como Argentina y España. Lo que en 1934 expulsaba a su gente ahora es foco de inmigración, destino de cientos de miles de personas que buscamos una vida mejor. Lo que en 1934 aun era un país prometedor para españoles, italianos, rusos, polacos, etc. ahora es una tierra que no termina de digerir su decadencia y continua por un camino cuyo destino dista mucho del país que supo ser hace 70 años.